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ojosdeluna

2 Junio 2005

EL COLECCIONISTA DE MIRADAS

Dicen que la mirada forma parte de la expresión corporal de la cara.

Un colecionista de miradas caminaba por el cielo , siguiendo el
sendero que había dejado un estrella fugaz en una noche oscura,
estrellada, en la que dos enmorados, tumbados en la arena de una
playa contemplaban el espectáculo de la noche. Esa noche era
diferente.
El colecionista de miradas buscaba en cada estrella, algo más que
una simple mirada, algo que nadie hubiera descubierto aún, algo que
hicera estar orgulloso al cielo de tener esos ojos y a la tierra
afortunada de poderlos contemplar. El colecionista vió miradas de
ojos azules, ojos de mar, vio miradas de ojos verdes, de prados
verdes de primavera, ojos dorados, ojos de caramelo y miel, ojos
grandes, de inmnesidad como la montaña que se eleva dominando su
alrededor.
La pareja miraba el cielo y veía que las etrellas se apagaban y se
encendían. Parecía que alguien estuviera paseando y se detuviera
delante de cada estrella.
El colecionista, a pesar de las maravillas que tenían los ojos que
había visto, ninguno tenía algo que la hiciera indiscutiblemente
especiales, ninguno había conseguido ser el orgullo, la perla
celosamente guardada del cielo, el diamante buscado con anhelo, el
tesoro buscado por conquistadores, soñadores y algún que otro pirata
Los enamorados miraban el cielo, procurando abarcar todo el cielo
posible en sus miradas. Pero, la fortuna esa noche estaba de parte
del enamorado. La estrella fugaz surcó el cielo delante de ellos.
Los enmorados se volvieron y se miraron. Pidieron un deseo, pidieron
un sueño. Sus miradas se cruzaron. Los enamorados se besaron. En
ese momento el colecionista de miradas desapareció.
El sueño que había estado por el cielo buscando los ojos más
bonitos, la mirada inmensa de la montañas, el dulce y dorado de la
miel, la inmensidad del mar azul estaba entre los brazos del
enamorado. El sueño se había hecho realidad por una noche. Habían
dado la primavera al enamorado, con verdes de olor a vida.

Era un día especial. Era un 26 de diciembre. Era invierno y además
era primavera en el cielo y en la tierra pues ese día nacieron los
ojos que son el orgullo del cielo, que hacen sentirse a la tierra
afortunada de poderlos contemplar.

Gracias por nacer

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El Amor es la mejor música en la partitura de la vida, sin él serás un eterno desafinado en el inmenso coro de la humanidad. Amame cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito....

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